miércoles, 2 de septiembre de 2009

Dimensiones_del_Poder-

 

 

LAS DIMENSIONES DEL PODER *

 

Autora: Marta H. Ventre. Cátedra 1 de Psicología Institucional-Facultad de Psicología-U.B.A.

* Este texto ha sido publicado por la Secretaría de Publicaciones de esa Facultad.

 

 

Las corrientes y autores seleccionados han sido elegidos tratando de:

 

  1. Acercar distintas lecturas de los fenómenos políticos. Consideramos que toda lectura constituye una “mirada productiva”, otorgando significado a los acontecimientos de acuerdo con el momento y el “Lugar” donde se posiciona aquél que mira. Así, ninguna puede ser completa ni definitiva. Pluralidad de enfoques teóricos para intentar hacer más inteligibles los complejos procesos y mecanismos de poder.
  2. Desplegar el análisis de diversas formas de ejercicio del poder que hoy coexisten y se superponen en todo campo social e institucional.
  3. Ofrecer líneas conceptuales que puedan ser usadas como “herramientas” para intentar abrirse a la recepción de los modos peculiares de cada experiencia.

 

 

 

INTRODUCCIÓN

 

 

Los universos de significaciones que instituye una sociedad son inseparables del tema del poder. Su distribución y ejercicio ocupan un lugar central en la vida social e institucional.

 

¿ En qué consiste el poder? ¿Es “algo” que se “tiene” y se puede perder? El significado del vocablo nos remite a: “fuerza, potencia”; “facultad de hacer algo”; “potencia para..”;[1]. En las definiciones no encontramos valoración alguna, per-se no instituye especificidad acerca de los vínculos que pueden establecerse. No obstante, uno podría preguntarse: ¿cuáles serán las condiciones que facultan para ejecutar acciones? ¿Quiénes lo ejercen? ¿Los que tienen esa “potencia” representan siempre a la mayoría de los participantes de un colectivo dado? ¿Qué tipo de fuerza se pone en acción?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EL ANÁLISIS ORGANIZACIONAL

 

 

 

Aldo Schlemenson es uno de los representantes de esta corriente de pensamiento. Entiende a la organización como “un sistema sancionado de roles interrelacionados, que pueden ser definidos en términos de tareas y expectativas fijadas para los ocupantes de dichos roles” [2]

 

El concepto de rol supone cierta configuración de acciones a cumplir, de “derechos” y “obligaciones”, para quienes lo desempeñen. La fijeza de los roles es lo que permite describir el funcionamiento desde el organigrama, teniendo en cuenta la diferenciación de funciones, responsabilidades y distribución del poder formal.

 

La lógica de esta concepción del poder es geométrica, piramidal-de arriba hacia abajo-en tanto su análisis respeta los ejes Vertical-Horizontal. Es un modelo que se caracteriza por partir de las normas generales, que establecen las condiciones pertinentes, para que los lugares que ocupan los participantes y sus características estén tipificadas, prescriptas de antemano. La diferenciación se da entre quienes coordinan y quienes son coordinados, definiéndose los diversos grados de autoridad.

 

Schlemenson, siguiendo los criterios de E. Jaques, considera que en el análisis a llevar a cabo se debe prestar atención a las diferentes estructuras que se presentan en una organización:

 

  1. Formal – Oficial.
  2. Presunta – Es la que los miembros perciben como real.
  3. Existente – La que efectivamente opera.
  4. Requerida- La que sería funcional.

 

La divergencia entre estas crean los desajustes que provocan conflictos entre los participantes, no permitiendo que se cumplan los “requisitos de eficiencia” [3] que el sistema exige, provocando un funcionamiento poco efectivo en la organización.

 

Cuando se refiere al personal dice: “puede costarles percibir objetivamente los fines de la organización y aceptar las propuestas que les hagan” [4] sus superiores jerárquicos, aunque aclara que el análisis que efectúa “lo hago desde la perspectiva de la organización”. [5]

 

Al ser una concepción que se centra en las estructuras instituidas y el lograr que se cumplan las funciones normatizadas, toda situación que genere conflicto es pensada como “disfuncional” al sistema. Sus intentos apuntan a descubrir las “fallas”, los desajustes y “encauzarlos hacia una resolución constructiva” [6], que permita restablecer el equilibrio perdido.

 

 

Su lectura privilegia:

 

1.- Establecer el perfil requerido en los roles de conducción.

2.- Detectar interferencias, que se presenten por errores organizativos, entre los distintos niveles jerárquicos.

3.- Investigar los obstáculos – que se generen por mala comunicación de tareas y personal.

4.- Resolver conflictos por superposición o mala distribución de tareas y personal.

5.- Proponer cursos de capacitación para aumentar la eficiencia, tanto del personal jerárquico como subalterno.

6.- Señalar vacíos de autoridad por fallas en la adecuación al rol.

 

 

 

EL ANÁLISIS DE LA TRANSVERSALIDAD

 

 

Félix Guattari se opone al “formalismo del análisis de los roles”[7] de la teoría organizacional. Considera que es la “institucionalización de lo repetitivo y artificial” ,[8] condenado a los actores de la organización a un lugar “petrificado y ficticio”[9]. Intenta poner en evidencia que las “descripciones aparentemente racionales”[10] del análisis organizacional, sólo intentan que se mantengan las estructuras instituidas.

 

Propone imaginar una línea que recorra la organización tramsversalmemte sin respetar el orden estático que instalan los ejes vertical y horizontal. Nos dice: “establecer una comunicación máxima entre diferentes niveles y en diferentes sentidos”. [11] Posibilitar que se organicen otros recorridos no prefijados ni instituidos que permita hacer visible las relaciones transversales. Relaciones ignoradas, desconocidas por los participantes, que cuando son visualizadas y elaboradas por los actores institucionales, introducen el tema de las desigualdades y asimetrías existentes, como así también de los conflictos, confrontaciones, movimientos y contradicciones presentes en la vida de cualquier organización. Justamente aquello que es disfuncional para el análisis de los roles.

 

Guattari define a la transversalidad como “una dimensión contraria (...) a las estructuras generadoras de jerarquización piramidal”, [12] en tanto su propósito es:

 

  • Un análisis que permita “tomar la palabra”[13] a los integrantes, sin tener en cuenta sus roles y las relaciones de poder existentes.
  • Hacer visible los atravesamientos que determinan las propias prácticas y las relaciones de poder instituidas en la organización.
  • Lograr que cada uno pueda descubrir “su grado de ceguera (...) en relación a todo el resto”, [14] para poder redefinir el rol de cada uno de ellos. De esta forma cuestionar las reglas del juego vigentes, tendiendo a la transformación de las mismas.

 

 

 

 

 

LAS TÁCTICAS Y ESTRATEGIAS DE PODER

 

 

Michel Foucault desarrolló una línea de pensamiento muy original acerca de los mecanismos de poder y de cómo se constituyen lo que denomina “dispositivos de Dominación”(a). Su conceptualización intenta:

 

 

1.- Encontrar mediaciones entre Micropoderes (relaciones locales, continuas, cotidianas de dominación, con sus propias configuraciones y especificidades) y Macropoderes (conjunto de instituciones y aparatos de Estado y sus determinaciones económico-políticas).

2.- Hacer inteligible sus condiciones de posibilidad, funcionamiento y transformaciones, a lo largo del tiempo, a partir del análisis de las prácticas afectivas y las consecuencias que éstas producen.

 

Para este investigador, cada época histórica pone en funcionamiento mecanismos novedosos y específicos, para lograr el disciplinamiento de los actores sociales y la cohesión colectiva. El período por él analizado comprende los siglos XVII y XVIII en donde aparecen nuevas, inéditas formas institucionales: productivas, educacionales, militares, penales, de salud, y organizaciones asociadas a ellas: fábricas, colegios, cuarteles, prisiones, hospitales, etc. Todas tienen ciertas características comunes:

 

  1. Arquitectónicas – Panoptismo: Invención tecnológica en el orden del uso del espacio. Asegura una vigilancia permanente “capaz de hacerlo todo visible con la condición de hacerse a sí misma invisible”.[15] Un discurso geográfico pero también estratégico, en tanto distribuye, divide y controla un “territorio” y a los que se encuentran en el mismo.

 

  1. Procedimientos que utiliza – clasificar, contabilizar, cuantificar, observar, verificar.

 

  1. Diseminación – múltiples focos de pequeños, microscópicos ejercicios del poder: celadores,    preceptores, jueces, pedagogos, etc.

 

 

Meticulosa construcción de una red de instituciones y tecnologías, al servicio de una nueva mecánica de poder ejercida sobre los cuerpos, los movimientos, los deseos, utilizando ciertas estrategias tales como:

 

  • localizar en espacios acotados y estables grandes contingentes humanos.
  • establecer y perfeccionar procedimientos de vigilancia, encierro y control de comportamientos y actividades.
  • generalizar su aplicación a todos los ámbitos para asegurar sus efectos en el conjunto social.

 

 

Estas estrategias disciplinarias se muestran muy inventivas en el orden de la construcción de conocimientos. Producen saberes que fundamentan y legitiman la pertinencia de sus prácticas; promueven el nacimiento de diversas ciencias: Pedagogía, Criminología, Didácticas, etc.; posibilitan la aparición de nuevos técnicos, que acompañan las nuevas formas de poder que se instituyen.

 

Entramado múltiple, complejo, de los aparatos que construyen saberes, enunciados, prácticas y criterios de “cientificidad”. Definirán un código normativo en el campo de las ciencias humanas. Es así que poder y saber, para Foucault, permanecen unidos de manera ineludible. El poder produce saber, saber que acumula y utiliza para sus fines y el saber otorga poder. Dice el autor: “Si se puede constituir un saber sobre el cuerpo es gracias a las disciplinas escolares y militares”.[16]

 

Los efectos del ejercicio del poder, entonces, no son exclusivamente censuradores y dirigidos a prohibir, sancionar o reprimir, sino que también tiene aspectos positivos en tanto es productor, en el más amplio sentido del término: de sujetos, discursos, saberes, placeres, formas de construcción de lo posible de ser pensado en un momento histórico determinado. Verdadera “red productiva”[17] que atraviesa todo el campo social e institucional. Los sujetos pueden tanto ejercerlo como padecerlo, ya que está presente en todas las relaciones humanas (familiares, productivas, eróticas, etc.). Por eso Foucault nos aclara que “el poder no está quieto, circula a través de los individuos que ha constituido”. [18] De esto depende la eficacia de los Dispositivos de Poder y su capacidad de sostenerse, a pesar de los cambios que se van produciendo a lo largo del tiempo. Es claro que no lo entiende como un sistema de dominio polar: dominadores vs. dominados. Si fuera así, se estaría estableciendo relaciones fijas, estáticas, petrificadas. Tampoco considera que sea el conjunto de normas jurídicas que garantizan la justicia social. Más bien lo concibe como”producción multiforme de relaciones de dominación” [19] locales, que pueden ser reforzadas, transformadas, desplazadas y utilizadas en estrategias de conjunto.

 

No es casual que el autor hable de Tácticas y Estrategias de poder, en tanto considera que:

 

  1. Los Dispositivos de dominación se juegan en términos de relaciones de fuerza.
  2. Frente a los poderes instituidos aparecen siempre resistencias, que instalan territorios de luchas, líneas de enfrentamientos, pugnas, alianzas estables o puntuales entre diversos grupos, que ponen en práctica tácticas y estrategias específicas para lograr sus objetivos.
  3. Como en la guerra los éxitos y fracasos dependerán de las relaciones de fuerza que se organicen, la eficacia de las maniobras que se implementen y el momento histórico  en que se produzcan. Espacio abierto, en permanente movimiento, donde los resultados son siempre provisorios. Sostiene que “la historicidad que nos arrastra y determina es belicosa; no habladora”[20]

 

Sus aportes permiten establecer articulaciones entre ámbitos diversos, analizar las especificidades del ejercicio del poder en cada uno de ellos, considerar los conflictos institucionales no como “algo a resolver porque funciona mal” sino en su positividad. Acontecimientos que responden a movimientos colectivos y que son constitutivos de su funcionamiento.

 

Sitúa su lectura en la organización a nivel de:

 

  1. Relaciones de fuerza existentes entre los distintos participantes colectivos, tanto en el orden de los enunciados como en el de las prácticas que se llevan a cabo.
  2. Qué se puede hablar, hacer y dónde.
  3. Tipos de discursos teóricos y prácticas efectivas asignados a diferentes sectores.
  4. Qué tácticas implementan los diversos grupos en pugna para que sus enunciados circulen por los diversos espacios de la organización. Cuáles logran monopolizar los medios más adecuados para sus fines tales como: publicaciones, cursos, investigaciones, espacios físicos, etc.
  5. Cuáles son considerados saberes legítimos y cuáles marginales o “no científicos”.
  6. Cómo está institucionalizada la relación entre quienes transmiten los saberes “oficiales” y quiénes los reciben.
  7. Cómo se desarrollan las pugnas por:

 

*Apropiación y distribución de los bienes económicos.

*Legitimación conceptual de sus propios enunciados y prácticas.

 

  1. Articulaciones entre los mecanismos de poder que se ponen de manifiesto en esa organización con las estrategias de conjunto de los aparatos de poder estatal.

 

 

Desde esta concepción el establecimiento puede ser entendido como un lugar donde no solo la distribución espacial va a dar cuenta de la circulación del poder, sino que también se constituye un espacio virtual conformado por las desviaciones, diferencias y relaciones entre distintos saberes, enunciados y prácticas concretas.

 

 

 

EL PODER Y LA VIOLENCIA SIMBOLICA

 

 

Pierre Bourdieu intenta con la formulación de la Teoría de los Campos conceptualizar los procesos de reproducción del poder social en la singularidad de los actores sociales e institucionales. Considera que la acción fundamental para ese fin no se lleva a cabo en la lucha por las ideas, sino en las relaciones que nos imponen un modo de percibir el mundo. Se piensa y actúa según ciertos esquemas o categorías que determinan qué viviremos como posible, qué como inalcanzable e inclusive como impensable.

 

¿Qué entiende Bourdieu por “campo”? En rigor de verdad: “campos”. Tantos como espacios de acción colectiva: artístico, político, científico, etc. con lógicas propias y específicas en cada uno de ellos. Sin embargo, tienen ciertas características generales y eficientes en todos, que le permite sostener el proyecto de una Teoría General de los Campos que dé cuenta del sistema social. Afirma: “pensar en términos de campo es pensar relacionalmente”.[21]

 

Según su criterio se podría definir un campo como “configuración de relaciones de fuerza entre las posiciones que ocupan los participantes”.[22] Esas relaciones que se establecen son independientes de la voluntad individual. Para analizar un campo hay que tener en cuenta:

 

1.- Qué posición ocupa el campo específico en relación al campo social.

2.- La estructura de las relaciones entre las posiciones que ocupan los agentes en competencia.

3.-El CAPITAL SIMBOLICO = PODER SIMBOLICO que es valioso en ese campo (puede ser habilidades, conocimientos, etc.).

4.- LAS DISPOSICIONES DURADERAS O HABITUS de los agentes. Son inscripciones que se establecen a partir de las condiciones sociales de existencia: Formas de vida, modos de consumo, lenguaje, inserción escolar y laboral, etc. que encuentran en el interior del campo ocasión de actualizarse, produciendo prácticas efectivas a partir de las experiencias pasadas. Así, las posiciones que se ocupen el campo son inseparables de las decisiones y acciones que se lleven a cabo.

 

El habitus tiende a garantizar la conformidad de los actores sociales a las prácticas instituidas y su constancia a través del tiempo. Funciona como un CAPITAL  acumulado que se actualizará en el campo. El sentido otorgado por los participantes a su actividad es efecto de lo que Bourdieu denomina VIOLENCIA SIMBOLICA. La define como “el desconocimiento basado en el ajuste inconsciente de las estructuras subjetivas a las estructuras objetivas”.[23] Cuando habla de “desconocimiento” se refiere a que los agentes aceptan el mundo tal como es porque “le aplican estructuras cognitivas surgidas de las estructuras mismas de dicho mundo”.[24] De esta forma la “aceptación dóxica” acerca de la significación de las experiencias y las situaciones que viven los agentes, hacen que las conductas se ajusten a las condiciones de funcionamiento, lógicas y exigencias sociales. Los habitus así determinan la capacidad diferencial de apropiación y distribución del capital simbólico de los diferentes grupos humanos.

 

Las nociones de HABITUS, CAPITAL SIMBOLICO, CAMPO Y VIOLENCIA SIMBOLICA son interdependientes en el desarrollo del autor. Las luchas, en un campo dado, tienen como meta mantener o mejorar la propia posición. Para lograrlo, los participantes tienen que implementar las “reglas de juego” acordes con el campo en que se esté. De esa manera, “todos contribuyen a la reproducción del sistema de poder, pues la creencia en el valor de aquello por lo que se lucha, le otorga sentido a participar”.[25] Este juego alude a las estrategias simbólicas que se ponen en práctica con el fin de monopolizar el capital circulante e imponer a los otros las reglas e intereses propios de los grupos dominantes. Se trata de legitimar la propia autoridad y reforzar la adhesión del resto.

 

En cuanto al capital,  lo que constituye su valor no es tal o cual características intrínseca, sino la escasez o abundancia del mismo. Por esta razón el capital o los títulos que lo representan se monopolizan, así se distinguen por el rango que otorga estar entre los privilegiados que acceden al mismo. Cuando las luchas se dan “entre próximos”(es decir, agentes con similar capital), se ocultan los aspectos comunes que se comparten y las complicidades que esto implica. El enfrentamiento se produce “en las pequeñas diferencias”, no habiendo intento alguno de modificar, transformar o sustituir las clasificaciones y distribuciones existentes.

 

¿Qué sucede en un campo en donde los agentes que participan no comparten el mismo capital y sus habitus se han constituido en condiciones simbólica desiguales? Para Bourdieu las prácticas depende de las chances que tienen los agentes en función de su capital (entendido como instrumento de apropiación de chances “teóricamente” ofrecidas a todos). Los habitus, al adaptar a los desposeídos simbólicos a la condición específica de la que son producto, contribuyen a mantener las diferencias sociales existentes. El sentido de la participación y la posibilidad de anticipar el futuro, se constituye según aquello a lo que se estuvo asignado previamente. Este es el aspecto más invisible y más eficaz del habitus. Por eso Bourdieu considera que las estructuras simbólicas, más que una forma particular de poder son “dimensión de cualquier poder”.[26]

Aquellos que logran institucionalizar ciertas clasificaciones de distinción y naturalizarlas en un campo cualquiera, legalizan el derecho y la legitimidad de quienes monopolizan el ejercicio del poder. Es claro que, en la determinación de las clasificaciones, distinciones y distribuciones colectivas, no todos tienen el mismo peso. Los dominantes están en condiciones de imponer su escala de preferencias, en tanto habitualmente controlan los sistemas simbólicos sociales( escolaridad, medios de difusión, sistemas jurídicos, etc.), “construyendo realidad” y generando representaciones que por su propia eficacia contribuyen a la perpetuación de los instituidos.

 

Este análisis de los sistemas simbólicos y los mecanismos de reproducción y diferenciación social e institucional, le permite al autor desmistificar la supuesta neutralidad de ciertos campos de producción teórica y sus códigos de cientificidad.

 

Es muy interesante el recorrido que lleva a cabo en su conceptualización sobre el poder simbólico del lenguaje. Considera que las relaciones lingüísticas son relaciones de fuerza entre los participantes, en las que hay “coordenadas posicionales tales como: sexo, orígenes de clase, educación, etc”. [27], sin las cuales se hace ininteligible la “estructura de relaciones presentes en el intercambio”.[28]

 

Cualquier acto de palabra es producto del encuentro entre un habitus (que origina que se digan ciertas cosas de cierta manera) y un sistema de relaciones o mercado lingüístico, que impone una producción determinada, sancionando a los que no se amoldan a ella. Pone en evidencia que el lenguaje no es un bien al alcance de todos. Afirma: “el acceso al lenguaje legítimo es desigual y monopolizado por pocos”.[29]

 

El poder simbólico puede construir realidad al enunciar “algo acerca de” pero, para lograrlo tiene que darse una relación en la que los participantes de un campo dado, tengan la creencia en la validez de las “palabras y las personas que lo dicen”. El autor aclara que aquellos que ejercen el poder, para conseguir la conformidad de los participantes, utilizan ciertas “estrategias retóricas” tales como:

 

  1. “Golpes de forma” para conseguir “golpes de fuerza”. Utilizar ciertas formas verbales, cambiando del singular al plural: “pensamos que por el bien de todos”; “la institución nos demanda un sacrifico para que el futuro de todos”; “Si el Sr. G.(personaje emblemática del grupo dominante) renunciara, la organización puede pasar por una crisis muy grave”; etc. Se intenta convertir el interés de un sector en el interés general, quedando oculta la imposición por violentación de diferencias.

 

  1. El capital monopolizado es elevado a la categoría de “lo único y mejor”. Se descalifica a los que no comparten el código o se oponen a la imposición de sentidos.

 

  1. Autodesignarse como los intérpretes legítimos de algún producto que ellos mismos construyeron. Esto no solo permite obtener beneficios simbólicos sino también económicos.

 

  1. Estimular la valoración de las capacidades singulares, de aquellos que ocupan lugares emblemáticos, para que haya consenso acerca de que las desigualdades en la distribución solo tiene que ver con lo que cada uno es. Así, queda oculto que las desigualdades se articulan con las condiciones con que los agentes contaron, para acceder al capital simbólico requerido en ese campo, según el nivel social de origen.

 

 

Este tipo de lectura intentará discriminar:

 

  • Posición que ocupa el campo específico en el contexto más amplio del campo social.
  • Registrar cuál es el capital simbólico valorado y requerido en él.
  • Qué relaciones de fuerza se presentan y qué posiciones ocupan los participantes.
  • Qué estrategias utilizan los integrantes para conseguir y/o mantener, parcial y/o totalmente, el monopolio del capital.
  • Características de los consensos establecidos y formas de legitimación instituidas.

 

Bourdieu centró su investigación fundamentalmente en tratar de encontrar articulaciones entre desigualdades simbólicas y mecanismos de poder. Sus aportes son valiosos para develar cómo las categorías simbólicas contribuyen a perpetuar ciertas formas de percepción y apreciación del mundo social. Sin embargo, los procesos que dan cuenta de las transformaciones, se hacen poco visible o quedan desdibujados en tanto se propone develar los procesos de reproducción social.

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA GENERAL

 

  1. BAREMBLIT, G. “Saber, poder, quehacer y deseo” Editorial Nueva Visión 1989
  2. BOURDIEU, P. “Qué significa hablar?” Editorial Akal. Madrid 1985
  3. DELEUZE, G. y GUATTARI, F. “El antiedipo(capitalismo y esquizofrenia)”  Ediciones Corregidor. 1974
  4. FOUCAULT, M. y otros “Espacios de Poder” Ediciones de La Piqueta. 1981
  5. FOUCAULT, M. “Saber y Verdad” Ediciones de La Piqueta. 1991
  6. FOUCAULT, M. “Vigilar y castigar” Editorial Siglo XXI. 1975
  7. GARCIA CANCLINI, N. “Ideología, Cultura y Poder” Publicación C.B.C.-Facultad de Filosofía y Letras-U.B.A. 1995
  8. TOFFLER, A. “El cambio del poder” Editorial Plaza y Yánez. Barcelona 1992

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1

 


[1] COROMINAS, Joan. Breve diccionario de la lengua castellana. Editorial Gredos. Madrid 1990.

[2]2 Schlemenson, Aldo. “Análisis organizacional y empresa unipersonal” Editorial Piados- Parte I. 1987

[3]3 Idem (2)

[4]4 Idem (2)

[5]  Idem (2)

[6]  Idem (2)

[7] Guattari, Félix. “Psicoanálisis y Transversalidad”  Siglo XX Editores S.A.. 1976

[8] Idem (7)

[9] Idem (7)

[10] Idem (7)

[11] Idem (7)

[12] Idem (7)

[13] Idem (7)

[14] Idem (7)

[15] Foucault, Michel. “Microfísica del Poder” Ediciones de La Piqueta.  1979

(a) Dispositivos: “Conjunto heterogéneo que puede incluir objetos, espacios, discursos,   reglamentos, normas, lo dicho y lo no dicho, etc.”

 

 

 

[16] Idem (15)

[17] Idem )15)

[18] Idem (15)

[19] Idem (15)

[20] Idem (15)

[21] Bourdieu,  Pierre. “Sociología y Cultura” Editorial Grijalbo. 1990

[22] Idem (21)

[23] Bourdieu, Pierre y Wacquant, L. “Respuestas para una Antropología reflexiva” Editorial Grijalbo.

[24] Idem 23

[25] Idem 23

[26] Idem 23

[27] Idem 23

[28] Idem 23

[29] Idem 23


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